Por: Mg.Vilma Canahuire Montufar
Facultad de Ciencias de la Empresa – Universidad Continental
Publicado: 10/09/2026
| La pregunta que orientó la experiencia: ¿qué ocurriría si la inteligencia artificial dejara de ser utilizada para obtener respuestas y comenzara a utilizarse para formular mejores preguntas? |
Iniciar una investigación suele ser uno de los momentos más exigentes para un estudiante universitario. El desafío no aparece recién al definir la metodología o analizar resultados: comienza mucho antes, cuando debe observar una realidad, reconocer una situación relevante, delimitarla y convertirla en un problema susceptible de ser investigado.
En el aula encontré una paradoja cada vez más visible: los estudiantes tienen acceso a más información que nunca, pero ese acceso no garantiza que sepan buscar con estrategia, distinguir evidencia de opinión, relacionar antecedentes o sostener académicamente una decisión. La expansión de la inteligencia artificial generativa hizo todavía más evidente esta necesidad. La literatura reciente coincide en que estas herramientas abren posibilidades importantes para la enseñanza y la investigación, pero su valor depende del diseño pedagógico, la alfabetización en IA y la capacidad de verificar críticamente sus resultados (Baig & Yadegaridehkordi, 2024; Castillo-Martínez et al., 2024).
Frente a este escenario, la decisión no fue prohibir la IA ni convertirla en protagonista. La decisión fue más pedagógica: integrarla como un andamiaje para pensar, contrastar y tomar mejores decisiones. Esa elección transformó la experiencia de aprendizaje y, al mismo tiempo, reafirmó el papel del docente como mediador del criterio académico.
Durante las primeras etapas de los proyectos de investigación se observaron dificultades recurrentes que limitaban la construcción de una situación problemática sólida:
- Delimitar problemas pertinentes y conectados con contextos reales.
- Realizar búsquedas estratégicas de literatura científica y no depender de información general de internet.
- Diferenciar una respuesta plausible de una evidencia académica verificable.
- Articular problema, contexto, antecedentes y propósito de investigación.
- Utilizar la IA con criterio ético y académico, evitando la aceptación automática de textos generados.
El riesgo era claro: si la IA se utilizaba únicamente para producir textos rápidos, el estudiante podía entregar una respuesta formalmente correcta sin haber desarrollado el razonamiento que la investigación exige. Las revisiones recientes sobre IA generativa en educación superior advierten precisamente sobre esta tensión entre eficiencia, aprendizaje profundo, integridad académica y desarrollo de habilidades de orden superior (Ogunleye et al., 2024; Batista et al., 2024).
La estrategia integró inteligencia artificial generativa y herramientas de apoyo a la exploración científica dentro de una secuencia orientada a la construcción progresiva del problema de investigación. Este enfoque coincide con la literatura reciente, que señala que el valor educativo de la IA generativa depende de su integración dentro de diseños pedagógicos orientados al aprendizaje y no de su uso aislado como herramienta tecnológica (Baig & Yadegaridehkordi, 2024; Batista et al., 2024). Se trabajó con recursos como SciSpace, Research Rabbit, Consensus y Elicit para ampliar la búsqueda, descubrir relaciones entre estudios y contrastar hallazgos.
Sin embargo, se estableció una regla pedagógica sencilla: ninguna respuesta generada por IA constituía por sí misma el producto final. Toda idea debía ser revisada, contrastada, sustentada y defendida por el estudiante. De esta manera, la tecnología podía acelerar la exploración, pero la responsabilidad intelectual permanecía en la persona que investiga. Esta orientación responde a los retos de integridad académica, alfabetización en IA y pensamiento crítico identificados en revisiones recientes sobre educación superior (Castillo-Martínez et al., 2024; Ogunleye et al., 2024).

El componente movilizador de la experiencia fue el “Desafío 48 h: Tu tesis empieza hoy”. La intención era romper una práctica frecuente: postergar indefinidamente la elección y delimitación del problema. En lugar de iniciar con una larga exposición teórica, el estudiante asumía una misión concreta: identificar, sustentar y mejorar una situación problemática en un tiempo definido, con acompañamiento docente y apoyo de herramientas digitales.
La experiencia se organizó en cinco momentos, bajo una lógica de acompañamiento progresivo que privilegió la autoría, la verificación y la argumentación del estudiante; criterios especialmente relevantes ante la transformación de la evaluación universitaria provocada por la IA generativa (Xia et al., 2024):
- Observar antes de preguntar a la IA. El estudiante identificó situaciones reales vinculadas con su disciplina, organización, comunidad o contexto empresarial. El punto de partida fue la observación humana, no una sugerencia automática de la tecnología.
- Dialogar críticamente con la inteligencia artificial. La IA se utilizó para ampliar perspectivas, plantear preguntas exploratorias y reconocer dimensiones que podían pasar inadvertidas. El objetivo no era “aceptar” la respuesta, sino aprender a interrogarla.
- Pasar de la respuesta de IA a la evidencia científica. Las ideas debían contrastarse con literatura académica. El estudiante aprendió que una respuesta convincente no equivale necesariamente a evidencia científica. Este criterio es consistente con la necesidad de fortalecer alfabetización y evaluación crítica frente a sistemas generativos señalada por la literatura (Castillo-Martínez et al., 2024).
- Contrastar, delimitar y argumentar. Con apoyo del docente, se revisó qué información tenía respaldo, qué vacíos permanecían y qué aspectos podían convertirse en una oportunidad de investigación. El rol del profesor fue cuestionar el razonamiento, no reemplazarlo.
- Defender la situación problemática. Cada estudiante debía explicar qué sucede, a quién afecta, dónde ocurre, qué evidencia respalda su existencia, qué antecedentes ayudan a comprenderla y por qué merece ser investigada.
Este enfoque también responde a una preocupación creciente en educación superior: la evaluación debe desplazarse del simple producto final hacia procesos que permitan observar razonamiento, autoría, verificación y capacidad de argumentación. Xia et al. (2024) destacan que la IA generativa está obligando a repensar la evaluación, la alfabetización en IA y el desarrollo profesional docente.
La intervención combinó trabajo autónomo, búsqueda científica, iteración con IA, retroalimentación docente y socialización de decisiones. En cada etapa, el estudiante debía dejar evidencia de cómo había mejorado su planteamiento y qué fuentes había utilizado para sustentarlo. La rúbrica no premiaba “usar más IA”; valoraba la calidad del problema, la pertinencia de las fuentes, la coherencia argumentativa y la capacidad de verificar la información.
La experiencia involucró a 48 estudiantes. En una medición inicial realizada sobre 18 estudiantes evaluados, 16 presentaban dificultades en la formulación de la situación problemática. Después de la intervención, el 87,5 % logró superar satisfactoriamente esta etapa de acuerdo con los criterios establecidos en la experiencia de aula.
Estos datos deben interpretarse como evidencia pedagógica de la implementación y no como resultados de un estudio experimental generalizable. Su valor está en mostrar una señal concreta de mejora dentro del contexto en el que se aplicó la estrategia.
Tabla 1
Indicadores de seguimiento e impacto de la experiencia pedagógica
| Indicador | Qué se observó | Evidencia de seguimiento |
| Situación inicial | 16 de 18 evaluados presentaban dificultad inicial | Rúbrica / diagnóstico |
| Superación de etapa | 87,5 % alcanzó el nivel esperado después de la intervención | Rúbrica de evaluación |
| Uso de fuentes | Mayor énfasis en búsqueda y contraste de literatura científica | Productos y retroalimentación |
| Razonamiento | Preguntas más específicas y defensa de decisiones | Sustentación y revisión docente |
Nota. Contenido elaborado a partir de los registros de la experiencia. Los resultados corresponden al seguimiento pedagógico realizado durante la implementación y no constituyen resultados de un diseño experimental generalizable.
- Pertinencia y delimitación de la situación problemática.
- Uso de fuentes científicas pertinentes y verificables.
- Capacidad de contrastar respuestas generadas por IA con evidencia académica.
- Coherencia entre problema, contexto y antecedentes.
- Aplicación de criterios de citación y referencias académicas.
- Desempeño en la rúbrica y capacidad para defender las decisiones tomadas.
Hito logrado: pensar mejor con la tecnología
| El logro no fue que los estudiantes usaran más herramientas digitales. El logro fue que aprendieran a pensar mejor con ellas. |
El cambio más valioso se observó en la forma de aproximarse al problema. Los estudiantes comenzaron a hacer preguntas más específicas, a desconfiar de respuestas demasiado rápidas, a buscar respaldo y a comprender que la investigación no se construye acumulando información, sino tomando decisiones sustentadas.
Innovar no significa sustituir al docente
Esta experiencia reforzó una convicción: la inteligencia artificial no reduce la relevancia del docente universitario; la hace más exigente. Cuando un estudiante puede obtener en segundos una explicación o un texto aparentemente bien estructurado, necesita todavía más acompañamiento para distinguir lo plausible de lo verificable, reconocer sesgos, identificar fuentes confiables y argumentar con responsabilidad.
La pregunta docente también cambia. Ya no basta con preguntar “¿cuál es la respuesta?”. Hoy debemos preguntar: “¿cómo llegaste a ella?, ¿qué evidencia la respalda?, ¿qué verificaste?, ¿qué otra interpretación podría existir?”. Ese tránsito es decisivo porque desplaza el foco de la producción de texto hacia el desarrollo del criterio.
La evidencia internacional apunta en la misma dirección: las aplicaciones de ChatGPT y otras herramientas generativas en educación superior son diversas y prometedoras, pero requieren marcos pedagógicos que favorezcan adopción responsable, pensamiento crítico, integridad y desarrollo de capacidades (Baig & Yadegaridehkordi, 2024; Ogunleye et al., 2024).
Conclusiones
La incorporación de inteligencia artificial en educación superior debe superar la fascinación por la herramienta. Su verdadero valor aparece cuando existe un propósito de aprendizaje claro, una metodología coherente y un docente capaz de convertir la interacción con la tecnología en una oportunidad para pensar con mayor profundidad. Esta lectura es consistente con revisiones sistemáticas que subrayan la necesidad de integrar la IA mediante marcos pedagógicos, alfabetización crítica y desarrollo profesional docente (Baig & Yadegaridehkordi, 2024; Castillo-Martínez et al., 2024; Ogunleye et al., 2024).
En investigación formativa, esto significa enseñar al estudiante que la IA puede ayudarle a explorar caminos, reconocer relaciones y acelerar ciertas tareas, pero no puede asumir su responsabilidad de contrastar, interpretar, argumentar y decidir.
La experiencia muestra que es posible integrar IA sin renunciar al rigor académico. Más aún, cuando se utiliza con intención pedagógica, puede convertirse en un recurso para fortalecer competencias que hoy son esenciales: formular preguntas relevantes, verificar evidencia, reconocer límites y sostener una posición con fundamento.
| Formar investigadores en la era de la inteligencia artificial no consiste en enseñarles a obtener respuestas más rápido. Consiste en enseñarles a formular preguntas cada vez mejores. |




