Por: Mg. Helina Julia Vergara Miranda. Directora Académica – Campus Cusco, Universidad Continental
Publicación: 12/10/2026
Interculturalidad viva en el Campus Cusco: identidad, territorio y experiencia universitaria.
En la educación superior actual, la diversidad cultural, lingüística, territorial y social forma parte de la vida cotidiana de nuestras aulas. Los estudiantes no llegan a la universidad únicamente con conocimientos previos o expectativas profesionales; llegan también con historias, identidades, formas de comunicación, valores, saberes, experiencias familiares y modos particulares de interpretar el mundo.
Esta realidad resulta especialmente significativa en territorios como Cusco, donde la riqueza cultural no es un elemento externo a la formación universitaria, sino una condición viva del entorno educativo. En el Perú, el debate sobre interculturalidad educativa tiene varias décadas y ha avanzado sobre todo en la educación básica; la educación superior, en cambio, aún tiene un largo camino por recorrer (Barrionuevo Aguilar, 2025). Por ello, la interculturalidad no debería entenderse solo como un principio declarativo o una actividad conmemorativa, sino como una práctica pedagógica cotidiana que atraviesa la forma en que enseñamos, comunicamos, evaluamos y acompañamos a nuestros estudiantes.
Frente a esta realidad, surge una pregunta clave para la docencia universitaria: ¿basta con reconocer que nuestras aulas son diversas o necesitamos transformar nuestras prácticas para que esa diversidad dialogue, participe y aporte al aprendizaje?
Problema o necesidad identificada: cuando la diversidad está presente, pero no siempre dialoga
En muchas aulas universitarias, la diversidad está presente, pero no siempre se gestiona pedagógicamente. Es decir, podemos tener estudiantes provenientes de distintas regiones, lenguas, trayectorias y realidades, pero continuar esperando que todos aprendan, participen, se comuniquen y se expresen de la misma manera.
Esta situación puede generar barreras invisibles en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Por ejemplo, ciertos silencios pueden interpretarse como falta de interés; determinadas formas de participación pueden valorarse más que otras; algunos modos de comunicación pueden ser leídos como inseguridad, desinterés o poca preparación; y ciertas diferencias culturales pueden convertirse en fuente de malentendidos.
La diversidad cultural, por tanto, no es solo un dato del contexto: constituye un eje de los procesos de enseñanza en educación superior (Organización Universitaria Interamericana [OUI/IOHE], 2026). Para que se convierta en una oportunidad pedagógica, el docente necesita reflexionar sobre su propia identidad, reconocer sus filtros culturales y fortalecer competencias que le permitan mediar, comunicar y acompañar mejor.
De la multiculturalidad a la interculturalidad
Una distinción clave para comprender este desafío es la diferencia entre multiculturalidad e interculturalidad. La multiculturalidad reconoce la existencia de diversas culturas en un mismo espacio; la interculturalidad, en cambio, implica relación, interacción, diálogo e influencia mutua entre personas o grupos culturalmente distintos (UNESCO, 2017).
Esta diferencia es fundamental para la educación superior. No basta con reunir estudiantes diversos en una misma aula. El desafío está en crear condiciones para que esa diversidad se exprese, dialogue y contribuya al aprendizaje común.
En ese sentido, la pregunta pedagógica no debería ser únicamente: “¿tenemos estudiantes diversos?”, sino más bien: ¿estamos enseñando de manera pertinente para estudiantes diversos?
Solución propuesta: competencias docentes interculturales (saber, saber ser y saber hacer)
La solución propuesta consiste en promover una práctica docente intercultural basada en tres dimensiones articuladas, que recogen los conocimientos, actitudes y habilidades presentes en los modelos de competencia comunicativa intercultural (Cubero, 2022; OUI/IOHE, 2026; Podestá González et al., 2022):
- Saber ser: actitudes de apertura, respeto, sensibilidad, reflexividad y disposición para reconocer la diversidad.
- Saber: conocimientos sobre cultura, identidad, diversidad cultural, comunicación intercultural y barreras comunicativas.
- Saber hacer: habilidades pedagógicas para mediar, adaptar estrategias, facilitar el diálogo y generar condiciones de participación equitativa.
Desde esta perspectiva, un docente intercultural no es únicamente quien reconoce que sus estudiantes son diversos. Es quien revisa sus propios supuestos, identifica posibles barreras de comunicación, adapta sus estrategias de enseñanza y crea espacios donde las distintas voces puedan participar y aportar a la construcción del conocimiento. Como advierte Cubero (2022), esta competencia no surge de manera espontánea: requiere formación y conciencia deliberadas. Su desarrollo, además, es gradual: avanza desde actitudes internas, como la apertura y el respeto, hacia habilidades de interacción observables en el aula (Podestá González et al., 2022).
El docente como mediador intercultural
El rol docente resulta clave en este proceso. La interculturalidad en el aula exige algo más que buena voluntad: requiere asumir un rol de mediación cultural que promueva el conocimiento mutuo y un intercambio enriquecedor para todas las partes (Díaz Lazo y Curiel Peón, 2022).
Un docente intercultural necesita preguntarse de manera permanente:
- ¿Qué entiendo por “buen estudiante”?
- ¿Qué comportamientos interpreto como falta de interés?
- ¿Qué silencios juzgo demasiado rápido?
- ¿Qué formas de participación valoro más que otras?
- ¿Cuánto adapto mis estrategias sin perder rigurosidad académica?
Estas preguntas permiten reconocer que la práctica docente no es neutra. Enseñamos desde nuestras experiencias, creencias, expectativas y marcos culturales; por ello, el docente debe examinar de forma continua sus propios prejuicios y percepciones (Díaz Lazo y Curiel Peón, 2022), un paso que suele ser el más difícil del proceso (Podestá González et al., 2022). Revisar nuestros filtros no es un ejercicio de culpa, sino una oportunidad para enseñar mejor.
Comunicación intercultural: escuchar antes de interpretar
En contextos educativos diversos, muchas tensiones no se originan necesariamente en la falta de capacidad, compromiso o interés de los estudiantes, sino en barreras de comunicación. Generar condiciones didácticas para la comunicación intercultural requiere acordar un propósito de intercambio, identificar esas barreras y establecer estrategias para encaminar el encuentro desde la diferencia respetuosa (OUI/IOHE, 2026).
Estas barreras pueden ser verbales, como no compartir un lenguaje común, o no verbales, vinculadas a gestos, tono de voz, silencios, distancia personal, uso del tiempo y otros códigos culturales (Díaz Lazo y Curiel Peón, 2022). La comunicación no verbal se convierte en barrera cuando los marcos de referencia de quienes interactúan no coinciden con el significado que cada persona quiere expresar.
Entre las principales barreras para la comunicación intercultural se encuentran el etnocentrismo, los prejuicios, los estereotipos, la disonancia cognitiva, la ansiedad, la incertidumbre y los malentendidos asociados al tono o al lenguaje (OUI/IOHE, 2026). Varias de ellas, en particular los prejuicios, los estereotipos, la ansiedad y la incertidumbre, han sido documentadas en el trabajo docente con grupos universitarios multiculturales (Díaz Lazo y Curiel Peón, 2022). Superarlas supone transitar de miradas etnocéntricas, que tienden a negar o minimizar las diferencias, hacia perspectivas etnorrelativas (Podestá González et al., 2022).
Por ello, comunicar en clave intercultural implica escuchar más, asumir menos y preguntar mejor.
La Figura 1 presenta una ruta de intervención para fortalecer la docencia intercultural en educación superior, a partir de acciones progresivas que van desde la sensibilización docente hasta la mejora continua de la práctica pedagógica.

Figura 1. Ruta para fortalecer la docencia intercultural en educación superior. Fuente: elaboración propia, con apoyo de ChatGPT para la diagramación.
Estrategia de intervención: ruta para fortalecer la docencia intercultural
A partir de esta reflexión, se propone una ruta de cinco pasos para fortalecer competencias docentes interculturales. Parte de una premisa: la formación intercultural del docente no es un evento aislado, sino un proceso continuo a lo largo de la carrera docente, sin un punto de llegada definitivo (Agreda Sigindioy, 2024; Podestá González et al., 2022).
Generar espacios de reflexión donde los docentes puedan diferenciar multiculturalidad e interculturalidad, reconocer la diversidad presente en sus aulas y analizar cómo sus propios referentes culturales influyen en su práctica.
Acción propuesta: microtaller de sensibilización sobre identidad, diversidad cultural y filtros docentes.
Observar qué barreras pueden estar afectando la comunicación y participación de los estudiantes: el lenguaje, los gestos, el tono, los silencios, los estereotipos o las expectativas sobre cómo debe participar un estudiante universitario.
Acción propuesta: ficha breve de autoobservación docente sobre barreras de comunicación intercultural.
Revisar las estrategias de enseñanza para incorporar ejemplos, casos, actividades y recursos que dialoguen con distintos contextos culturales y territoriales, incluido el propio entorno cusqueño.
Acción propuesta: rediseño de una sesión de clase incorporando el enfoque intercultural.
Una práctica intercultural también debe expresarse en la evaluación. Esto no significa reducir la exigencia académica, sino diversificar las formas en que los estudiantes pueden demostrar aprendizaje y recibir retroalimentación significativa.
Acción propuesta: revisión de rúbricas, consignas y mecanismos de retroalimentación desde criterios de claridad, pertinencia y equidad.
La interculturalidad debe convertirse en una práctica reflexiva permanente. No se trata de aplicar una receta, sino de observar, ajustar y mejorar continuamente las decisiones pedagógicas. Los espacios estructurados de reflexión conjunta sobre la práctica son clave para que la competencia intercultural se traduzca en acciones concretas (Podestá González et al., 2022).
Acción propuesta: círculos docentes de reflexión sobre experiencias interculturales en el aula.
Resultados e impacto académico esperado
Al tratarse de una propuesta derivada de una experiencia formativa, los resultados planteados corresponden a impactos esperados, que podrían observarse en una futura implementación institucional:
- Mayor sensibilidad docente frente a la diversidad cultural, lingüística y social de los estudiantes.
- Mejora del clima de aula mediante prácticas comunicativas más respetuosas y reflexivas.
- Reducción de malentendidos derivados de barreras verbales y no verbales.
- Mayor participación de estudiantes con distintas formas de expresión y aprendizaje.
- Diseño de experiencias de aprendizaje más contextualizadas y pertinentes.
- Fortalecimiento del rol docente como mediador intercultural.
Indicadores clave de implementación
Para monitorear una eventual implementación, se proponen los siguientes indicadores, cuyas metas se definirían a partir de una línea base:
- Participación docente: porcentaje de docentes del campus que culminan el microtaller de sensibilización.
- Transferencia al aula: porcentaje de docentes participantes que rediseñan al menos una sesión con enfoque intercultural.
- Evaluación pertinente: número de rúbricas y consignas revisadas con criterios de claridad, pertinencia y equidad.
- Percepción estudiantil: nivel de acuerdo de los estudiantes con ítems sobre inclusión, respeto y oportunidades de participación en clase.
- Sostenibilidad: número de círculos docentes de reflexión realizados por periodo académico.
Hito de partida
Como punto de partida, se cuenta con una propuesta inicial de ruta formativa orientada al fortalecimiento de competencias docentes interculturales en el Campus Cusco, elaborada a partir de una experiencia reciente de formación especializada en docencia y aprendizaje en contextos interculturales.
Cierre: la interculturalidad no se declara; se practica
Se practica cuando reconocemos que cada estudiante trae una historia. Se practica cuando cuidamos cómo nos comunicamos. Se practica cuando evitamos juzgar desde un único referente cultural. Se practica cuando abrimos espacios de diálogo real. Y se practica cuando la diversidad deja de verse como dificultad y empieza a entenderse como posibilidad.
Pasar del aula diversa al aula intercultural exige docentes capaces de revisar sus propios filtros, identificar barreras, mediar el diálogo y diseñar experiencias de aprendizaje donde todas las voces tengan un lugar.
En educación superior, enseñar no es solo transmitir conocimiento. Es formar personas capaces de comprender, dialogar y construir con otros. En territorios como Cusco, este desafío no solo es pertinente: es profundamente necesario.




